La mala costumbre de Alana S. Portero
El viaje secreto de una niña hacia su identidad
por Claudia Valencia
“Tenía miedo de que mis padres dejasen de quererme si sabían que yo era diferente de como ellos creían. Escuchar a los adultos hablar de las personas diferentes dejaba marcas que no se borraban nunca”.
En esta historia, la protagonista es una niña que vive incómoda en su propia piel, habita dentro de los márgenes de una sociedad sumamente limitante y misógina, además de pertenecer a uno de los barrios más pobres y hostiles del Madrid de los años 80s. A través de sus memorias hace un recuento sobre su búsqueda de identidad y advenimiento trans rodeada de violencia, drogadicción y pobreza. Sobre como logró encontrar la luz que se filtraba entre las grietas y que la empujaron a conocer mujeres como ella; hermosas quimeras que desafiaron las normas sociales al aceptarse y mostrarse al mundo como son.
“No existía la denominación Trans, en el mejor de los casos se hablaba de transexuales y en el peor, con palabras de desprecio que sobrevivieron al siglo”.
Y es que lo que más temía la narradora de estas memorias, era ser rechazada por el mundo, juzgada por no corresponder a las expectativas que su aparente género demandaba, tal cual lo vio con Margarita, una de las vecinas y quien, a pesar de mostrarse como una “mujer”, le eran prohibidos los espacios y rituales propios de las demás mujeres cisgénero que cohabitaban ahí. A las mujeres como Margarita, o sea mujeres trans se les excluía o se les relegaban a las tareas domésticas que suelen hacerse detrás de las paredes de una casa, en silencio y escondidas del exterior.
Claro que ésta tan solo fue la perspectiva de una niña atormentada por sus limitaciones que al crecer aprendió que, contra todo pronóstico, esas mujeres lograron tejer vínculos y redes de apoyo en donde se cuidaban a sí mismas y entre todas. Eran personas heridas y solitarias que lograron formar nuevas familias donde pudieran extender sus alas para ser libres, aunque más pronto que tarde también reconocería que estas acciones no frenaban ni disminuían la violencia machista y transfóbica a la que debían enfrentarse día con día, condenadas por vivir de forma distinta su cuerpo y sexualidad.

Cabe destacar que la violencia formaría parte esencial en la vida de la protagonista, los hombres que la rodeaban (vecinos, compañeros, amigos, familiares) eran participes en la ejecución y encubrimiento de actos deplorables cometidos por su propia estirpe, pero que al ser casos provenientes de una de las zonas más marginales como lo fue San Blas en España, eran descartados o invisibilizados por las autoridades. Como lectores, somos testigos de la compañía que se ofrecen las mujeres como una forma de resistencia, cuidado y empatía, o sororidad, como lo conocemos hoy en día para luchar en contra de estas violencias.
A la par, las drogas -la heroína para ser más precisos- juegan un papel determinante para el adormecimiento de una comunidad y generación entera.
“Excepto el parque y las propias casas, aquellos basurales, aquellas nadas eran los patios de recreo de los niños del barrio y sus propios morideros cuando se hacían lo suficientemente mayores para meterse caballo”.
Esto a raíz de que originalmente “San Blas” había sido pensado como un conjunto habitacional para inmigrantes que vinieran del sur de España durante y después de la dictadura franquista, de forma que el complejo no cubría las necesidades básicas para un asentamiento humano (agua potable, alcantarillado, instituciones de salud y educación, etc.) por lo cual, después de un determinado tiempo, la comunidad obrera comenzaría a exigir espacios y oportunidades de desarrollo que habían sido aplastados por la crisis sanitaria causada por la heroína y todo lo que se deslinda de esta.
“Varias generaciones de criaturas de clase obrera crecimos así, imaginando mundos enteros en las mismas nadas que podían terminar siendo nuestros lechos de muerte”.
Sin embargo, o a pesar de los obstáculos impuestos por el entorno, nuestra protagonista no se priva de experimentar pequeños momentos de libertad como vivir su primer amor, la llegada de su despertar sexual y encontrar a la mujer que adoptaría como Madre trans. Estas vivencias la llevan a sentir por primera vez la euforia de género y la ilusión perdida en la infancia.
Honestamente son solo estos pequeños fragmentos los que aportan ligereza a una trama densa e íntima. Alana consigue llevar un buen ritmo al navegarnos en las distintas etapas de su protagonista, desde la infancia, adolescencia y pronta adultez, somos testigos también de su caída al abismo y el tardío renacimiento, su evolución, sus temores y dudas. Conocemos a las mujeres que la inspiran y que son las responsables de darle ese empujoncito para lograr su trans-formación, desde personajes de la mitología grecorromana, hasta íconos pop y Drag Queens.

Durante todo el libro se reivindica la memoria de mujeres que han superado los limites propios y sociales, personas fuertes que sobreviven ante todo y reconocen la belleza de los pequeños momentos; personas que con valentía han rechazado vivir en las sombras a merced de perecer en el intento.
Esta historia también es el resultado de un retrato fidedigno de aquel Madrid que convive con la homosexualidad, transexualidad, delincuencia, drogas, prostitución y enfermedades autoinmunes como el VIH.
De igual forma es un recordatorio para nosotros -adultos- de abrirle un espacio a las infancias trans, validarlas, reconocerlas y brindarles una educación responsable que no limite su experiencia como individuos. Tenemos la responsabilidad de ofrecerles la confianza y seguridad de desarrollarse con libertad, empatía y respeto, para que no crezcan aislados ni escondidos en los márgenes como sí lo hizo la protagonista de estas memorias.
“No tenía nombre, pero existía. Habitaba mi propia leyenda, no tenía nombre pero era Hécuba triunfante, Casandra, Carmilla (…) Afrodita, Cristina Ortiz, Roberta Marrero, Sor Juana Inés y la Reina de Mayo. Era todas las mujeres”.
Alana S. Portero es una escritora, poeta, dramaturga y directora escénica española que escribe sobre cultura, feminismo y activismo LGTB con un enfoque concreto en la realidad de las mujeres trans. Nació en Madrid, España en 1978 y su novela “La mala costumbre”, publicada en 2023, ha sido traducida a diecisiete idiomas incluyendo el inglés, francés, alemán, portugués, coreano y griego. Actualmente en México se encuentra editado bajo el sello Seix Barral de Grupo Planeta.